1. Desarrollo de competencias. Clásicamente se habla de tres factores: La habilidad como una predisposición profesional, intelectual o física para realizar muy bien algo; la actitud como una predisposición emocional, y la aptitud, que coordina y armoniza las dos anteriores.
Esta triada de conceptos expresan principalmente posibilidades tales como que la competencia, al trenzarlos casi siempre en forma situacional se presta a ser descrita también, más que permanentemente definida. La competencia incorpora algo nuevo, la define: la prueba. Asimismo, la evaluación de competencias constituye un sistema cognoscitivo estructurado, ligado a objetos, proyectos, valores, esperanzas y temores propios de cada individuo; integrando así el autoconcepto.
2. Programación Neurolingüística. Hablando de programación, se refiere a los modelos, procesos o caminos que tomamos opcionalmente para armar las piezas de nuestra experiencia y la emotividad de las ideas en función de los resultados que buscamos. Por otro lado, todo el comportamiento humano necesariamente arranca de cómo percibimos la realidad a través de esas puertas que son los sentidos; cuyo mecanismo regulador es el sistema neurológico. Finalmente, el lenguaje es condición tanto para organizar internamente lo que percibimos, como para comunicarnos con los demás.
La PNL constituye lo que se conoce como un metamodelo, es decir, un modelo que puede aplicarse a cualquier instancia de la vida. El desarrollo de este tipo de programación en conjunto con la capacitación, tienen como propósito el crecimiento del individuo, mediante un cambio que le permita optimizar sus posibilidades y talentos.
3. Empowerment. Conocido también como facultamiento o facultación, implica dos instancias: La utilización de sus técnicas en los eventos de capacitación y la aplicación de su modelo en ese mismo proceso.

Siliceo, A. (2004). Tendencias de la capacitación en el siglo XXI. En capacitación y desarrollo de personal (pp. 187-211). México:Limusa.